MIGUEL HERNÁNDEZ EN LAS AULAS
Los alumnos y alumnas del grupo de teatro de
Fortuna comenzaron su representación del “Niño yuntero” a las ocho y
media, llevando de aula en aula el sabor amargo de la tierra yerma, en
silencio –como se enuncian las palabras auténticas-, y vestidos con el
sucio polvo de la verdad. Decía Adorno que “el sufrimiento es físico”,
como físico fue el atronador silencio con el que se introducían en el
aula, tumbándose sobre el suelo como los vencidos por el destino, para
terminar con el potente llamado de la verdad que se gesta en el dolor y
la pena irremediables. Durante la representación se unieron la lírica y
la épica; lírica, la del “Niño yuntero” –del más auténtico poeta de su
generación, Miguel Hernández; épica, la del gesto contenido
por la
fatalidad insalvable de la muerte en vida, el grito ahogado de los
“humillados y ofendidos” por el aciago porvenir, sin-porvenir.
Aquella mañana de enero vimos a ocho niños/as
yunteros, invocando la limosna de la escucha, rogando al menos ser
vistos y oídos para la vergüenza de los satisfechos. Con intensidad y
autenticidad vimos a los hijos del verso rimado a golpe de arado,
cansados; comenzaron a las ocho y media, hasta las once y cuarto,
cansados, los niños/as yunteros.
(Bravo por Rubén Gómez, director del
grupo de teatro).

Miguel Ángel Palazón
Dpt. Filosofía